miércoles, 3 de mayo de 2017

¿Son eficaces los fonatorios para tratar la tartamudez?

En la era de la comunicación, sufrir un problema del habla es, sin duda, uno de los mayores quebraderos de cabeza que puede sufrir una persona. Y buscar la forma de atajarlo, la gran obsesión.

 Entre estos casos destaca por encima de todos la tartamudez o disfemia, tal  y como se conoce en el mundo sanitario.  Se estima que la tartamudez afecta hasta el 1% de la población, especialmente varones, y que al 90% se le detecta antes de cumplir diez años. 

Son ellos los que padecen con mayor frecuencia alguno (o varios) de los síntomas de esta alteración, como la repetición y prolongación de sonidos y sílabas, la fragmentación de palabras o, sencillamente, bloqueos durante una conversación. 

Y, con una incidencia tan elevada, no son pocos los que buscan fórmulas más novedosas para mejorar la comunicación oral. En esta línea, han salido al mercado dispositivos fonatorios electrónicos que aseguran favorecen la emisión de palabras y reducir la tartamudez. 

De izda. a dcha., Silvia Vázquez, María Pilar Blas y Patricia Gavín, del equipo investigador.

Aunque con variaciones de un dispositivo a otro, su funcionamiento es siempre muy similar. A través de un micrófono y unos auriculares, el dispositivo retrasa la llegada de la voz, con cierto efecto de eco, que le llega distorsionada. Al cambiar la percepción de su propia voz parece que mejoran la tartamudez.  

La efectividad y seguridad de este tipo de prótesis electrónicas han sido evaluadas en una investigación llevada a cabo  por el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud dentro del marco de la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud y recogidas en un informe.

 El resultado no podía ser más claro. A día de hoy no existen pruebas suficientes que garanticen la efectividad de estos dispositivos en personas con tartamudez.  Los estudios que se han realizado sobre este tema se caracterizan, en su mayoría,  por contar con un pequeño tamaño muestral y en los que participan personas con un grado de tartamudez leve o muy leve. 

Además, todas las muestras se han tomado dentro de un ambiente de laboratorio y no en la vida real que es donde realmente más sufren los problemas del habla. 

Nadie duda de que, con el tiempo, se llegarán a desarrollar métodos certeros para reducir trastornos como la disfemia y que irán acompañados, como no, por estudios exhaustivos y que demuestren fiel y fehacientemente su eficacia.  

Hasta entonces, la mejor fórmula para mejorar la fluidez en el habla es y seguirá siendo la logoterapia con elementos de psicoterapia. Es el camino que, a día de hoy, podemos recorrer para desarrollar las destrezas de niños y adultos en pro de una mejor comunicación oral.



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